martes, 24 de febrero de 2015

PROVERBIO ZEN II



Los que saben no hablan;
los que hablan no saben.


sábado, 14 de febrero de 2015

AGNES HELLER EN EL CUADERNO DE ZENÓN


           «El antídoto contra el aburrimiento no es, en realidad, la actividad pura y simple, y ni siquiera en todos los casos la que nos es requerida, sino la actividad que tiene un sentido, que permite desarrollar nuestras capacidades humanas.»

Sociología de la vida cotidiana
1970



miércoles, 4 de febrero de 2015

LA INERCIA

                Verdaderamente la inercia no es suficiente para dar sentido a lo que hacemos. La inercia  nunca, en ningún caso, puede ser el fundamento de lo que se hace o se deja de hacer.
                Es cierto que hay momentos en que uno no sabe a dónde va, a dónde debería ir. Pero sí sabe dónde está, sabe que la órbita que abraza a nuestro alrededor todo aquello que amamos no debe dejar de dar vueltas estrechando el cerco íntimamente.
                Ahora que el maestro nos ha dejado y que Zenón pasa largas temporadas fuera de casa, en otra que comienza a ser también la suya, Sofía y yo sentimos el vacío desacostumbrado de nuestra sola compañía. Es un tú y yo que tenemos que volver a construir.
                Por eso ella arruga su nariz contra mi cuello y me conmueve con palabras que se funden al tocarme. Para hablar labio con labio un lenguaje hermético que sólo nos pertenece a nosotros.


miércoles, 14 de enero de 2015

domingo, 4 de enero de 2015

LO QUE SE AVIZORA

                Perder al maestro fue como alterar la química del yo, de mi yo, de nuestros yos. Probablemente se trataba de ese fenómeno que llamamos soledad: una súbita desconexión de nodos, un navegar a la deriva a bordo de un bote sofisticado sin encontrar las instrucciones de uso.
                Bien entendido, era admitir que somos cuando “somos”; en contraposición a un insensato soy y sólo soy,  ridículamente solitario y desvalido que, debo admitirlo,  me hacía sentirme como un falsario. Afortunadamente fue ganando peso la convicción,  la revelación de una especie de herencia de compromiso: las instrucciones de uso estaban en el cajón equivocado y teníamos que apremiarnos a pilotar la nave.
                En toda mudanza hay algo que nos deshabita y algo que se avizora. Sofía se dio cuenta antes que yo: mucho de lo que habíamos perdido con la marcha del maestro se comenzaba a manifestar en algunos cambios evidentes en Zenón.  No fue tanto el hecho de que quisiera acompañarme con nuestra librería trashumante, ayudar en todo lo que pudiera en casa, concedernos en el trato diario algo más de locuacidad o mostrar una inusitada prevención en todo lo referente a economía familiar. Se trataba de algo más profundo: había interpretado la secuencia de acontecimientos como un desafío personal.
                Percibí íntimamente cómo Sofía se rendía a la belleza de aquella transformación. Del mismo modo en que me sentí empujado por su fortaleza a ocupar un nuevo estatus. Y así fue como fuimos adquiriendo cada uno de nosotros una nueva personalidad confeccionada de girones algo maltrechos de lo que había sido la influencia de Jean Jacques en nuestras vidas.
                Al fin y al cabo uno es lo que es, o lo que cree que es. Pero no es menos lo que los demás ven en uno. Y nosotros, tal vez,  veíamos en nuestro maestro lo que él trataba de mostrarnos de nosotros mismos.

                De lo que no cabe ninguna duda es que aquí comenzaba una nueva historia y dicha historia no iba a ser menos merecedora de ser vivida que de ser contada. 


miércoles, 24 de diciembre de 2014

JOSÉ ANTONIO MARINA EN EL CUADERNO DE ZENÓN


           «El mar es inarticulado cuando no se tiene un rumbo. Es el rumbo lo que da personalidad a los vientos y carácter a las mareas, haciéndolos hostiles o amistosos, y nos libra así del mutismo equívoco de lo indeterminado.»

El misterio de la voluntad perdida
1997


domingo, 14 de diciembre de 2014

D.T. SUZUKI EN EL CUADERNO DE ZENÓN




            «Si el Zen hace uso de las palabras y el lenguaje, les otorga el mismo valor que a simples monedas para el trueque o intercambio. Cuando tenemos frío, no podemos taparnos o abrigarnos con las monedas; si tenemos hambre o sed, no podemos masticarlas, ni tampoco beberlas […] Una y otra vez olvidamos esta verdad tan evidente, y así no cesamos jamás de acumular monedas, guardándolas a buen recaudo y ambicionando aún más. Pues bien, lo mismo sucede con las palabras.»

Zen
1958


jueves, 4 de diciembre de 2014

RETORNO AL SILENCIO

                Podría describirse de este modo: fue exactamente como sufrir el síndrome del miembro fantasma. Toda vez sobrevenida una amputación uno continúa sintiendo ese miembro como si todavía estuviera ahí. Jean Jacques acababa de abandonar el plano de la manifestación física, pero resultaba imposible evitar que nuestras mentes le concedieran un tiempo que ya no le pertenecía. Seguíamos sintiendo palpitar su presencia.
                No era extraño: se trataba de su segunda muerte. La primera fue un grito, una explosión de fragilidad, un arrebato inconsciente, o tal vez la inmolación consciente de un personaje con todos sus deméritos y contrariedades. Prorrumpió en un estallido que le proyectó hacia un nuevo compromiso, hacia un tiempo de cruentas colisiones entre pasado y futuro. En aquella ocasión me arrastró con él.
                Pero esta vez es distinto. El maestro –estoy seguro-  ha columbrado un grado de conocimiento superior. Y cuando el conocimiento es superior, no hay palabras que lo puedan describir, ni formular. Por ello, en esta ocasión el maestro se ha desnudado del verbo. Se ha vaciado de verbo. Se ha silenciado.
                Podemos admitir que hemos perdido la voz directa, la resonancia física, el continente y, sin embargo, perdura el contenido, la sustancia, la comunión. De tal modo que cuando hoy pensamos, cuando hoy expresamos nuestras ocurrencias, cuando hoy sentimos, no podemos decir que lo estemos haciendo nosotros solos. Quiero pensar que seguimos trabajando juntos: co-laborando, co-operando.
                Quiero pensar en ello, pero las palabras se adueñan de todos y cada uno de mis pensamientos y, lo sé, alteran mi lealtad. Por ello, firmemente, me abandono a la meditación. La mano del maestro me despoja, me sumerge, íntegro, bajo el mantillo confortable y fértil del lenguaje, hacia la raíz, hacia la médula, hacia la intuición primigenia, hacia la poesía.
                Yo          
                hemos muerto                
                nuevamente.

lunes, 24 de noviembre de 2014

AMIN MAALOUF EN EL CUADERNO DE ZENÓN


           «Y el viernes, 2 de octubre de 1187, el 27 de rajab del año 583 de la hégira, el mismo día en que los musulmanes celebran el viaje nocturno del Profeta a Jerusalén, Saladino hizo su entrada solemne en la Ciudad Santa. Sus emires y sus soldados tienen órdenes estrictas: ningún cristiano, tanto si es franco como oriental, debe ser molestado. De hecho no habrá ni masacre ni pillaje. Algunos fanáticos han reclamado la destrucción de la Iglesia del Santo Sepulcro como represalia contra las exacciones cometidas por los francos, pero Saladino les para los pies. Muy al contrario, refuerza la guardia de los lugares de culto y anuncia que los mismos francos podrán venir en peregrinaje cuando quieran.»

Las cruzadas vistas por los árabes
Amin Maalouf
1983

viernes, 14 de noviembre de 2014

MIQUEL MARTÍ I POL EN EL CUADERNO DE ZENÓN


No em repeteixo. Dic
només coses semblants
i encara de vegades.
Sovint em descobreixo
noves arrugues, nous
i molt subtils defectes;
raons per creure en mi,
per explorar-me i créixer.
D’això parlo. Són fets
evidentment banals,
discrets, subsidiaris.
Ho sé bé prou. No em faig
il•lusions absurdes;
ja fa quaranta-nou
anys i escaig que em contemplo.
No em resigno, però
ni a l’oci ni al silenci.
Teixiré vida amb fils
de la mateixa corda
que se’m desfila als dits;
escriuré encara: escric.
I no, no em repeteixo.

L’hoste insòlit
Miquel Martí i Pol
1978


martes, 4 de noviembre de 2014

LA CUENTA ATRÁS

                Algunas palabras del maestro, lo recuerdo,  entraban por mi ventana como un vendaval gélido y furioso.  Irrumpían cruelmente, agitaban y  desnudaban mi ego de esa confortable complacencia que tan a menudo lo arropa.
                Otras repercutían como un goteo constante. Y cuando digo repercutían es que no dejaban de percutir y repercutir con suma tenacidad en ese rincón íntimo, que arrostra las más impúdicas renuncias.
                Pero las que más he temido, las que más me inquietaron apenas se escuchaban, acudían de lo más profundo, eran la sombra de un ahogado susurro, la inflorescencia de una letanía,  como tañidos depositados en el mismísimo sudario.
                Con gran solemnidad eran depositadas una a una en la espesa papilla del silencio. Con gran carestía íbanse asociando, trenzando pensamientos.
                Pero ahora no le oigo. Miro a Emilio atónita, indignada, asustada. Zenón guarda silencio al fondo de la alcoba. Y aunque retengo todavía su mano con fuerza, sólo se siente latir  el eco de sus últimas palabras:
                “Cuanto más soy conocimiento, menos soy vida. El tiempo decantado nos instruye y ejecuta a la vez la decadencia. Tenéis mis bendiciones. Ahora dejad que la vela de mis temores y mis contradicciones se vaya apagando. Debo descansar.”
                Con gran delicadeza beso su mano, que ya descansa. Y voy sumando lánguidamente a mi desconsuelo los primeros minutos de su ausencia.