viernes, 4 de julio de 2014

DAGUERROTIPO


  
                 Descoloridos por el tiempo, aquellos hombres y mujeres cargan todavía con todo el dolor de una amarga centuria.
                 Hay una maldición más infecta que la guerra, que es peor que haber vivido como un despojo entre combates, peor que morir una vez, peor que quedar atrapado en una fotografía y eternizar ese dolor.
                La maldición de verdad es haber sido olvidado. La maldición de verdad es ver desde el otro lado cómo nuevas levas de desgraciados ven humillada y violada su humanidad una y otra vez. Una y otra vez.
                De entre todo aquello que aconteció mientras Jean Jacques y yo flotábamos en una desesperante sopa de letargo más allá de todo tiempo, nada nos impresionó más, al regresar, que el relato de las guerras modernas.
                Ha cambiado la manera de matar, sí. Es lejana y cobarde. Es masiva. Es anónima. Es aséptica.
                Pero no ha cambiado la manera de morir. En ella no hay diferencia de raza, de sexo,  de edad, ni de época: todos acabamos siendo iguales ante la muerte. Entonces ¿por qué la guerra?  
                Sabed que la lengua de los muertos es una, una sola; que la patria de los muertos es una, una sola; que la raza de los muertos es una, una sola.
                No dejéis de escuchar cómo susurran con la voz quebrada por el agotamiento; ejércitos de miles de millones de víctimas suplicando no ser olvidadas. ¿Puede haber algo más triste? Me temo que cien años no han sido suficientes para entenderlo.
                Honremos pues su memoria con nuestro compromiso día a día y seamos dignos de una vida que ellos no pudieron ni soñar. Aunque el rubor de la vergüenza haga temblar nuestra voz al proclamarlo.


martes, 24 de junio de 2014

GERALD BRENAN EN EL CUADERNO DE ZENÓN


           «En su History of the  Peninsular War, Napier observa que, aunque los españoles tienen más virtudes y menos vicios que otras gentes, resulta que sus virtudes son pasivas y sus vicios activos.»

Al sur de Granada
1957

sábado, 14 de junio de 2014

HIROMI SINYA EN EL CUADERNO DE ZENÓN

    

       «Nuestras células siempre se reemplazan por células nuevas. Las células en ciertas áreas del cuerpo son completamente reemplazadas por nuevas en varios días, mientras que en otras el proceso puede durar varios años. Y al final todas son reemplazadas. Estas nuevas células están hechas del agua y la comida que consumimos a diario. Basándonos en esto podemos decir que la calidad del agua y la comida que consumimos determinan nuestra salud. »

La enzima prodigiosa
2005


miércoles, 4 de junio de 2014

LA METAMORFOSIS

                - He visto tan depauperada la salud del maestro, Emilio. Tengo miedo. Hace tiempo ya que parece vivir en otra dimensión, agarrado a nuestras cosas por un hilo de conciencia. Un finísimo hilo quebradizo que puede partirse en cualquier momento.
                - Lo sé. Pero yo lo veo de otra forma, Sofía. Creo que es como esos árboles que son derribados por una tempestad y sus raíces quedan aún aferradas al suelo desesperadamente. Los ves tumbados, aparentemente derrotados por la vida y en cambio siguen verdes, tienen hojas, resisten. Cualquiera de esas ramas testarudas que arrastran por el suelo echa raíces y se convierte en un nuevo brote. ¿No te das cuenta?  Es una metamorfosis, un renacer.
                - Sí, es curioso. La vida, en cualquier circunstancia se aferra a la más mínima posibilidad de supervivencia. Es obstinada, es perseverante, es milagrosa. Tres adjetivos que podría llevar Jean Jacques escritos en la frente. Oh, viejo testarudo.
                - En efecto, vida, al fin y al cabo. Obstinada, perseverante, milagrosa y reflexiva.
                - ¿Reflexiva? Si la vida es un imperativo per se, ¿por qué reflexiva?
                - Porque se reconoce a sí misma, porque se transforma a sí misma, porque se explica a sí misma, porque se ama a sí misma y se reproduce a sí misma.
                - ¿Qué será del maestro?

                - ¿Todavía no te has dado cuenta?


sábado, 24 de mayo de 2014

DANIEL KAHNEMAN EN EL CUADERNO DE ZENÓN




         «El fotógrafo no contempla la escena como un instante que merezca ser salvado, sino como un futuro recuerdo que hay que diseñar. »

2011



miércoles, 14 de mayo de 2014

BHAGAVAT GITA EN EL CUADERNO DE ZENÓN


  


       «No existe sabiduría para el hombre sin armonía, y sin armonía no hay contemplación. Sin contemplación no puede haber paz, y sin paz ¿puede acaso haber dicha?»


BHAGAVAD GITA
Edición de Joan Mascaró
1962 [500 a de C.]


domingo, 4 de mayo de 2014

LA CONCIENCIA DEL MAESTRO

                De repente un relámpago se coló por las rendijas de las viejas y desencajadas contraventanas. Se había hecho de noche y se acercaba una tormenta. Al retumbar, el trueno sacó a Sofía de su estado meditativo afilando el vértigo de una obsesiva cuestión que hacía rato que le daba vueltas en la cabeza.
                - Hay una cosa que no entiendo, Jean Jacques. ¿Qué fue lo que hizo que dejara de verme con los ojos de un hombre que mira a una mujer y comenzara a verme con los ojos de un maestro que observa a su discípulo?
                - Qué gran pregunta, Sofía. Tan grande y tan oportuna es que debo confesarte que no hace tanto tiempo que he llegado a comprenderlo.
                Un segundo trueno y un contenido silencio dieron fe de la solemnidad de las palabras que vendrían.
                - La conciencia de ser para quien profesa la convicción del magisterio es esta: no verás a una persona en lo que realmente es, si no eres capaz al mismo tiempo de ver lo que puede llegar a ser; no podrás dejar de procurar todo cuanto esa persona necesite para llegar a ser aquello a lo que está llamada. El verdadero maestro no es el que se crea grandes expectativas de sus pupilos; es el que promueve el cumplimiento de unas expectativas rigurosamente precisas. Este es el don: presentir las expectativas. Evidentemente esto es algo que estaba comenzando a experimentar cuando te conocí,  de una manera torpe, intuitiva.
                - ¿Y esas expectativas sobre mi persona se han cumplido?
                - No me cabe la menor duda de que todavía no. Queda mucho por delante.
                - Entonces ¿qué espera de mí, maestro?
                - Esa no es la pregunta correcta, Sofía. La pregunta que me corresponde responder en estos días es: ¿qué me queda por hacer, qué más puedo ser capaz de hacer por ti?
                 La lluvia comenzó a golpear con furia el tejado, el asfalto, el frío metal de los vehículos, las aceras,… y luego la nostalgia, la confortabilidad, la contingencia…


jueves, 24 de abril de 2014

JOAN MASCARÓ EN EL CUADERNO DE ZENÓN


            «Al igual que el prodigio de las estrellas del cielo sólo se revela en el silencio de la noche, el prodigio de este poema únicamente se revela en el silencio del alma.»

Bhagavad Gita.
Introducción.
1960


lunes, 14 de abril de 2014

SCOTT LASH EN EL CUADERNO DE ZENÓN




         «Lo que se requiere es una noción de la implicación en las prácticas comunales a partir de las cuales se desarrolla el yo. Y quizá una de las claves se encuentre […] en una ética fundamentada en la “cura”.»

Modernización reflexiva
Ulrich Beck, Anthony Giddens y Scott Lash
1994



viernes, 4 de abril de 2014

LAS DOS BELLEZAS

                - En realidad soy yo quien necesita la penumbra para hablar de todo aquello que he callado, Sofía. Desde el reconocimiento de todas mis impericias hasta la declaración de todas mis debilidades y mis dudas. Hoy quiero empezar por ti.
                - ¿Por mí, maestro?
                - Sí, amiga mía. Quiero empezar declarando mi debilidad y mi desconcierto ante la belleza.
                - Prosiga, pues. Le escucho.
                - Hay dos tipos de belleza: la belleza que ensancha la dimensión interior de quien la percibe y la belleza que enciende todos los mecanismos de la dimensión externa del observador. La primera da y la segunda exige. La primera nos concede paz, comprensión, comunión, esperanza, confianza, armonía. La segunda nos reta, se declara superior –anhelable, pero inalcanzable-, nos humilla ante ella, necesitamos reconocerla de manera profunda e integral, anexionarla a nosotros. Ésta segunda es la que detenta el erotismo, y ante ella siempre me he sentido torpe.
                He bebido de mil fuentes de belleza; toda mujer que seducía de una u otra manera era una diosa, tal vez sin quererlo. Sin merecerlo también en muchos casos, pues nada había hecho por poseer tal don. Con su indolencia algunas afeaban y empobrecían tal belleza.
                - Creo que se aleja usted de la realidad, Jean Jacques, que suele ser más simple y, desde luego, múltiple.       
                - Sí, tienes razón. Pero necesito explicarme a mí mismo qué hay en la belleza, en el erotismo, que toma el control del yo, invita a la contemplación, el roce, despierta la intensidad de todos los sentidos. Y lo necesito ahora, precisamente, que casi ya no puedo disfrutar de uno de ellos.
                - Puede que sólo sea el instinto animal, la reacción de las hormonas. O puede que sea, además, el mecanismo de supervivencia de la especie como proyección de un futuro deseable, plausible.
                - Indudablemente. Por eso la fuerza del instinto vence casi siempre a la contención de la razón. Y por ello, no puedo yo, como hombre, dejar de mirar y admirar desde esa pulsión erótica a una mujer, aunque fuera la mujer de mi hermano o mi mejor amigo. Y es aquí donde quiero regresar al principio de nuestra conversación.
                - Reconozco que me da un poco de miedo esta deriva.
                - No te preocupes, Sofía. Llegaremos a buen puerto.
                - Pues adelante.
                - Entre tantas y tantas fuentes de seducción que he disfrutado y admirado en mi vida, he de decirte que tú eres una de las más sublimes. De alguna manera me has ayudado a resolver la contradicción que yo vivía. 
                - Es bueno saberlo.
                - ¿Recuerdas que te hablaba al principio de dos modos de belleza?
                - Sí, claro.
                - En la percepción erótica predomina la belleza que despierta nuestro exterior; es el deseo. Pero en aquel sentimiento que llamamos platónico, se produce la implosión interna; es el amor.
                -  ¿Y qué tiene que ver eso conmigo, maestro?
                - Cuando te presentamos a Emilio, cuando nos conocimos, eras muy joven. Como preceptor de Emilio, como adulto, se supone que yo debía quedar al margen; creo que me entiendes.
                - Perfectamente.
                - Pero eras –y eres- una mujer de una extraordinaria belleza y no creo que haya muchos hombres que puedan quedar indiferentes a este hecho.
                - …
                - No creo que te sorprenda mi confesión ahora.
                - Debo reconocer que me incomoda.
                - Ten paciencia. Es algo más complejo.
                - Le escucho.
                - Esa admiración venía – por qué negarlo- cargada de una fuerte pulsión erótica. La conciencia de ello me turbaba enormemente, puesto que mi responsabilidad sobre la educación de Emilio y tu implacable juventud hacían que fuera realmente inconveniente. Pero pasaban los días y no hallaba la manera de serenar mi instinto. Entre tanto nos íbamos conociendo y depositabas tu confianza en mí, como lo había hecho Emilio. Esto fue cambiando muchas cosas: cuanto más ejercía de maestro, menos peso en nuestra relación tenía la libido. Cuanto más te conocía interiormente, menos física o visual era muestra relación.
                - ¿De qué manera, entonces, le ayudó esto a resolver la contradicción?
                - Ahí quería llegar. Cuando nuestra relación fue más compleja, tanto interior como exteriormente, tanto física como espiritual o racionalmente, descubrí que había vislumbrado en ti la otra dimensión de la belleza, la que conforta, la que une, la que me serenaba y permitía crecer juntos.
                - Pero hay una cosa, Jean Jacques, que no comprendo: ¿la belleza “platónica” vence a la erótica, la esconde, la acalla? ¿Qué ocurre realmente?
                - Creo que no es nada de eso. Estoy seguro de que no la vence ni es vencida. Y me parece que no la esconde ni la puede acallar del todo.
                - ¿Entonces?
                - Sólo encuentro una explicación: la hace compartida. Pero eso, Sofía, nunca me atreví a preguntártelo.
                - … Permítame, maestro, que no le responda. Al menos, no ahora –el vértigo me abruma-  aunque la contestación me ahogue la garganta…

                Quisiera refugiarme en esta cómoda penumbra unos minutos y, si me lo permite, cogerle en silencio la mano.


lunes, 24 de marzo de 2014

ANTHONY GIDDENS EN EL CUADERNO DE ZENÓN



  
        «Un mundo en el que nadie está ”fuera” es un mundo en el que las tradiciones preexistentes no sólo no pueden evitar el contacto con otras tradiciones, sino tampoco con numerosas formas de vida alternativas. Y, de igual modo, es un mundo en el que el “otro” ya no puede ser tratado como inerte. No se trata únicamente de que el otro “contesta” sino también de que es posible la interrogación mutua.»

Modernización reflexiva
Ulrich Beck, Anthony Giddens y Scott Lash
1994




viernes, 14 de marzo de 2014

ULRICH BECK EN EL CUADERNO DE ZENÓN


           «Contrariamente al difundido error, la duda hace que todo –ciencia, conocimiento, crítica o moralidad- sea posible de nuevo, solo que de una forma diferente: a una escala algo más reducida, de forma más tentativa, personal, colorista y abierta al aprendizaje social. Y, por consiguiente, más curiosa, más abierta a cosas contrarias, insospechadas e incompatibles, y todo ello con la tolerancia que se basa en la certeza final y definitiva del error.»

Modernización reflexiva
Ulrich Beck, Anthony Giddens y Scott Lash
1994